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Carlos López
Viernes, 8 de septiembre de 2017

Los negocios de los bajos del edificio Suertes del Mar esperan remontar el desastre

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Tras perder "un dineral" los propietarios de los cuatro negocios que hay en los bajos del edificio esperan poder recuperarse del desastre en las próximas semanas. Se resginan y tratar de convivir con los puntales, uno de ellos de hecho, los ha decorado para ocultarlos. Todo para que los clientes vuelvan a sus negocios y a sentirse como en casa.

Los cuatro negocios que hay en el edificio Suertes del Mar han abierto este viernes por primera vez desde que el precinto y desalojo de la finca fuera ordenado el pasado 16 de agosto. Déniadigital ha conversado con tres de los cuatro propietarios de esos negocios (el cuarto estaba cerrado a la hora que esta redacción los ha visitado).

 

En el restaurante Ludo, uno de los camareros nos ha explicado, que “las vallas espantan a cualquier cliente”. La visita es a la 13.30 de la tarde, las vallas continúan ahí pese a que el Ayuntamiento anunció que las retiraba. Este camarero se lamenta “que no tienen reservas” y que “tampoco se puede aparcar” junto a los negocios.

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Mientras, en el Arena, su propietario ha decorado los puntales que soportan el techo con telas a juego con la decoración del local y ha pintado las bases de madera del suelo del mismo color que el pavimento. Willem Arena explica que estos días han sufrido “mucho” y además en su caso, al margen de estar desalojados “saltó el automático de dos las tres cámaras” y perdió todo el género.

 

Arena cree que estas tres semanas ha perdido “un montón de dinero” -que no llega a concretar- y que habría servido “para poder recuperarse, pagar facturas pendientes y preparar el invierno”. Este propietario explicó que “si hubiera sido antes del verano no habría pasado nada”, pero se lamentó que fuera en pleno verano. Aun así, reconoció que tiene sus clientes fijos y que ahora podrán volver ya a disfrutar de los platos que ofrece “buen producto, a buen precio”.

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Pero sin duda, la más perjudicada es la propietaria de una tienda de artículos de verano. Junto a su hijo, explica a Déniadigital que el cierre todos estos días ha supuesto echar por tierra toda la campaña de verano “ellos -en relación a los restaurantes- pueden seguir trabajando todo el año, yo no”. Estoy “muy jodida”. En la tienda no hay mucho movimiento, “ya no quedan turistas, ni bañistas”, por ahora espera lograr el suficiente dinero para “poder pagar el alquiler”.

 

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Normalidad en el residencial 

 

Mientras tanto, con poco trasiego en los negocios -a la hora de comer-, y a la espera de que por la noche remonten los comensales en los restaurantes, en el interior del residencial ya sin precinto vuelve a haber vida. Los vecinos han vuelto, la ropa tendida aparece de nuevo y varios operarios reparan unas celosías.

 

La vida en la finca volverá y deberán estar pendientes de cumplir lo que se han comprometido a cumplir: la rehabilitación del edificio.

 

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