Jueves, 21 de junio de 2018
Última actualización: Miércoles, 20 de junio de 2018 23:18
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
deniadigital
Domingo, 18 de marzo de 2018

Una visita crítica a las fallas de Dénia

Guardar en Mis Noticias.

Un año más nos ponemos las deportivas y recorremos distritos falleros para analizar con lupa los monumentos falleros plantados.

Las Fallas paralizan y movilizan a partes iguales. Poseen un agente transformador tan fuerte que, durante unos días, configuran la escena urbana alterando su ritmo y tipología habituales para rendirse al arte, la tradición, la música, la cultura y los excesos. Se trata pues, de una festividad tan inverosímil en su concepción como factible en su ejecución.

 

Las fallas plantadas en las calles se convierten en una exposición urbana itinerante de gran impacto que las comisiones sufragan como mecenas de las obras de esta muestra con mayor o menor acierto de cara al público. Un visitante con un ojo crítico que, en función de su bagaje fallero en cuanto a los mal llamados monumentos, atinará más o menos; a la hora de expresar su opinión. Una visión -siempre subjetiva- que no tiene por qué coincidir (o si) con el resto, pero que se suma a la conciencia popular.

 

Teniendo esto claro (y a buen entendedor, pocas palabras bastan), Dénia Digital, por segundo año consecutivo, se calza sus deportivas más cómodas para realizar su recorrido crítico por las fallas de Dénia. Una valoración lo más objetiva posible de aquellas fallas grandes plantadas por las once comisiones del municipio. Una opinión escueta que con una cerveza/café/vermut y un tono distendido sería mucho más completa. Dénia tiene buenas fallas este año, propuestas solventes que configuran un buen catálogo artístico. Un esfuerzo loable por parte de las comisiones.

 

El orden a seguir no será el ranking de premios obtenidos (una muestra más de una opinión subjetiva de un reducido número impar de personas a los que se les otorga mucho poder decisivo) sino la ruta “random” que esta redacción ha decidido realizar desde donde ha aparcado su vehículo.

 

Baix La Mar. Josep Sanchís planta Cultures, la falla más grande plantada este año en la ciudad. Ojo, ser “la más grande” no debería ser un condicionante de nada salvo de impacto visual, pero cuando se es de una Sección Especial parece un requisito obligatorio en el contrato no escrito de la categoría. Suponemos que se debe a una imitación de la Especial de Valencia donde lo megalítico (con ayuda de una buena inyección presupuestaria) sí se da por sentado. Creencias populares aparte, Sanchís ha plantado una falla donde demuestra que no es un novato en este oficio y que su sello de corrección es marca de la casa. Aquello que pueda haber quedado más deslucido está solventado con destreza y aquello que pudiera adolecer de haber quedado plano, está más trabajado pictóricamente. A estos “truquillos de belleza” (sinónimo de profesionalidad) se le une algo muy en boga a día de hoy que es la colocación de aderezos superpuestos con filigranas y piedras de bisutería que aportan detallismo y que son perfectamente plausibles en el onirismo de las tierras exóticas que recrea. Por lo tanto, no están de más. La falla tiene ritmo, sus contrarremates favorecen la pérdida de verticalidad y es más que correcta en el A, B, C fallero de Composición, Modelado, Pintura y Acabado.

 

Port Rotes. Lo barroco gusta en el mundo de las fallas. Quizás porque la propia fiesta en sí lo es. Por tanto, la dama versallesca es un caballo ganador por todo lo que puede aportar: modelado fino rayano la porcelana, delicadeza, pulcritud, versatilidad a la hora de recrear la riqueza de los tejidos y cierta fantasía. A esto hay que sumarle su escenografía: no hay dama francesa de época que se precie sin su castillo rococó (en este caso, una aproximación al palacio del Marqués de Dos Aguas de Valencia). La comisión es sabedora de esto y por eso llevan varios años jugando unas cartas que tantas alegrías les ha dado a nivel de premios. El reto, sin embargo, no viene por apostar por cuerpos centrales ganadores si no por un conjunto completo. Algo que no poseen las fallas de Dénia de 2018 son escenas trabajadas. Asistimos, en cada demarcación, a un plantel de ninots hieráticos con poca sintonía entre ellos y que requieren de muchos carteles para poder comprender o vislumbrar su relación con una situación de la ciudad, de la sociedad valenciana o del país. No le sucede sólo a la comisión del Port. No es una opinión destructiva. Es un aspecto a mejorar para redondear unos buenos proyectos con un alto potencial. A pesar de este apunte, Port Rotes firma una buena falla.

 

Diana. Grata sorpresa. Había una época en la que, todos los años, se decía que alguna comisión de Dénia iba a acabar realizando una falla de piratas como si de algo inferior o pasado de moda se tratara. Pero si la temática está bien cuidada (en este caso, todos los ninots pertenecen al mismo imaginario) y bien ejecutada, un tema manido (como el 90% de los que se utilizan en Fallas) se revaloriza. Y eso es lo que ha conseguido el artista Juane Cortell con un modelado actual y caricaturesco, una pintura con base de azules, marrones y naranjas con la que recrea la sensación oceánica en alta mar y un acabado detallista para lograr rematar con clase un proyecto sencillo, pero bien llevado a la práctica.

 

Saladar. De los países más exóticos a los mares del sur, pasando por la corte del Rey Sol; llegamos a la Edad Media y seguimos con las tematizaciones que tanta fantasía pueden albergar si se quiere llevar a la práctica. La comisión granota y, nuevamente Josep Sanchís, firman una falla con un cuerpo central armónico y que dice mucho a primera vista. Tiene movimiento, ritmo y caricatura. Está bien lijado, pero no explota al máximo su potencial. Cierto es que la época medieval fue un periodo oscuro, pero a este gran conjunto le falta el empaque que un acabado más detallado puede otorgarle. Y quizás ese sea el punto que necesita: una paleta cromática más extensa y un acabado acorde a lo que cabe esperar dado el contexto que recrea. Ojo, no es un mal acabado. Sólo le falta gas. Este hecho no debe extrañar al gran público. Es muy común. A más cantidad de volumen o piezas que modelar/rascar en corcho, menos virtuosismo a la hora de trabajar pictóricamente la falla. A menos piezas que trabajar artesanalmente, mayores acabados cabe esperar. No es una constante pero sí muy común. Aún con todo, la comisión del Saladar ha plantado un proyecto superior al de 2017. En la ambición y en las ganas va el reto. Quién sabe.

 

 

París Pedrera. Otra grata sorpresa. Después de años “peculiares”, la comisión de Patricio Ferrándiz planta una falla muy redonda en cuanto a ese A, B, C que comentábamos al inicio. Buena composición, buen modelado, buena pintura y buen acabado. Es pequeñita, pero nos da igual su envergadura, es muy coqueta y recurre a otro de esos imaginarios (el circo) que tanto se prestan a ser enriquecidos. David Sánchez, su artista, lleva unos pocos años labrándose un gran camino en Valencia, sabiendo de quién rodearse y cómo apostar su mejor mano. Ahora se estrena en Dénia y dejando un buen sabor de boca. A veces -y al hilo de lo que se ha comentado en anteriores valoraciones- un buen volumen y un buen acabado también afectan a la falta de escenas y ninots. París Pedrera adolece de ello y es una lástima porque tan importante es un buen cuerpo central como unas buenas escenas.

 

Camp Roig. Después de lo plantado el año pasado, mucho mejor. El debate de si aporta o no, es distinto y no es competencia de este medio valorarlo porque tiene multitud de argumentos que bailan en función de aquello que quiera defender cada uno y, por lo tanto, no son nada objetivos. Una sugerencia de este medio sería que, la línea a trabajar por Camp Roig, pasara por apostar un poco más, cada año y en función de sus posibilidades reales, por aquello que van a plantar. A la larga, seguro, supondría una satisfacción añadida para toda su comisión como cuando celebraron el premio obtenido en el último desfile de carrozas de la Santíssima Sang. Pero aún con todo, esta exposición de arte urbano de cuatro días, tiene un mismo fin unificador para cada una de sus obras independientemente de cómo sean o cuánto hayan costado. Y cuando ese fin llega y todo queda reducido a cenizas, sólo queda el recuerdo de ella.

 

Campaments. Pequeñita pero coqueta. Con escenas de ninots hieráticos nuevamente, pero bien acompañados por una escenografía que arropa a cada uno de ellos. Con un modelado que recuerda al estilo de cómic y una ambientación que, con su atrezo, alcanza el remate cerrando la composición y haciéndola más aparente de lo que es realmente. Esto no es negativo, al contrario. Supone una buena forma de exprimir al máximo sus recursos para mostrar un trabajo que da la sensación de plenitud y, por tanto, deja un buen sabor de boca en el visitante.

 

Oeste. Los artistas Palacio y Serra firman esta falla y, a poco que uno conozca la obra de estos dos autores, vislumbrará su sello en cada uno de los cuatro costados del proyecto plantado en la demarcación. Después de dos años malacostumbrándonos a la versión más solvente de su taller, este año, su propuesta pierde en efectismo. El impacto del año pasado es un recuerdo que juega a la contra del de este año cuya mejor baza es la gran paleta cromática utilizada para dotar de vida a los mazacotes de corcho blanco que se erigen en la plaza. Unas moles de arcos sustentan otros grandes volúmenes de faldas y estos a unos cuerpecillos con angelotes y demonietes que suponen el principal contrapunto para romper la verticalidad de su remate. Mención aparte supone esa gran trasera dedicada a uno de los principales patrocinadores actuales de la comisión y la iniciativa que ambos tienen en marcha. Hay mucho volumen en el proyecto del Oeste y se vislumbran escenas más trabajadas.

 

 

Centro. Rafa Ibáñez (autor también de la falla Port Rotes) nos mal acostumbró el pasado año con una falla arriesgada, airosa e impactante. Este año, el proyecto es más recatado y su cuerpo central emula las tradiciones valencianas con su alfabeguer, huerta y grupa valenciana de rigor. Un proyecto clásico que suele tener sus bazas ya que permiten una buena recreación a caballo entre la riqueza y versatilidad que sí o sí poseen los tejidos y la cerámica (volvemos al recurso de recurrir a tematizaciones con un amplio abanico de posibilidades) y el recuerdo costumbrista y tradicional de una época profundamente arraigada en el subconsciente de la región. Es como sumergirse en un universo de Lladró salvando las obvias diferencias. Así, la composición central supone un degradado suave cuyo colorido está en las “sombras” que poseería una figura de porcelana. Los contrapuntos de color están en las trabajadas parejas de valencianos de los laterales. Proyecto correcto y limpio.

 

Roques. La falla con mayor encanto dado su enclave ha jugado con la composición para abrirse hacia los extremos de la demarcación y así llenarla. Esta forma de “estirar” una falla permite llenar el espacio, aunque el volumen sea escaso. Aquí lo logra gracias a este hecho, los elementos de atrezo (televisor, perchero y mesilla con teléfono) y las grandes peanas que sustentan y alargan la escena que recrea el cuerpo central. A partir de ahí, la variedad cromática es oscura (con el único contrapunto del vestido de la ama de casa central y los uniformes fosforito de los guardias civiles de la escena delantera). También, las escenas vuelven a ser ninots firmes en los que se recurre a la utilización de grandes peanas para llenar el espacio y tratar de unificarlos. El grupo presentado a la Exposición del Ninot es, al igual que en casi todas las fallas, el único que narra una historia por sí solo sin necesidad de mucha cartelería. Y como sucede en otras propuestas, juega sus cartas como mejor considera.

 

 

Darrere del Castell. Última parada de nuestro recorrido. Falla sencilla y vertical sin muchas pretensiones. Nos preguntamos qué habría sucedido si los elementos de atrezo (farolillo, bambú, gong, grullas etc) hubieran sido más grandes y llenado más la composición. En otras fallas, ninots de la base sobresalían de su contexto y proporciones con el fin de llenar espacios y huecos del cuerpo central que carecían de ninots, remates o las decoraciones oportunas. Es una propuesta modesta con un modelado entre actual y clásico en algunos ninots. Correcta.

 

 

Denia Digital
Denia Digital • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress
Próximamente...