Artículo de opinión
Sobre la normativa de la lengua y la Real Academia de Cultura Valenciana
No podemos continuar este informe sin dejar constancia de la normativa de la Real Academia de Cultura Valenciana, porque constituye un faro que ilumina y una guía que orienta a tantos valencianos. Se trata, como puede comprobar cualquier estudioso, de una propuesta de normas adaptada científicamente al habla del pueblo y a la realidad cotidiana de los usuarios valencianos, como no podía ser de otro modo en un proyecto nacido dentro de una asociación profundamente arraigada en el corazón y en el aprecio del pueblo.
Para entender bien su importancia, conviene hacer un poco de historia. La elaboración y el estudio de la ortografía de la RACV, llevados a cabo durante más de cinco años por un equipo de filólogos curiosamente licenciados en filología catalana por la Universidad Literaria de Valencia, fue presentada en el Monasterio de Santa María del Puig en marzo de 1981. En aquel acto, un notario de Massamagrell dio fe del pliego de firmas de más de mil intelectuales y asociaciones valencianas, así como de otras ciento diez mil firmas, también cotejadas por el mismo notario y depositadas en el Banco de Santander, en apoyo de esta obra valiosa y extraordinariamente minuciosa.
Gracias a ese trabajo, la RACV dotó a la lengua de los valencianos de un instrumento valiosísimo, perfectamente adaptado a la sintaxis, la fonética y la morfología de nuestro habla. Además, lo avaló mediante una documentación formal que fue publicada más tarde, en la que se subraya el cuidadoso y exhaustivo estudio que fue necesario para completar esta magnífica obra.
Josep Boronat, miembro del Consell Valencià de Cultura y uno de los firmantes y participantes en el acto del Puig, recuerda aquel acontecimiento en su libro Pomell de Valencianitat, donde señala lo siguiente:
“Todo esto se ha hecho siguiendo las corrientes lingüísticas más modernas: los lingüistas de prestigio de hoy se interesan mucho más por el estudio sincrónico —es decir, por cómo es la lengua hoy y cómo se habla actualmente— que por las etapas que haya podido tener en el pasado, aunque el estudio diacrónico también deba hacerse, pero no es determinante.
En cambio, los lingüistas catalanizadores, contra toda evidencia científica, no solo desprecian el valenciano actual, sino que intentan cambiarlo y modificarlo para que vaya convirtiéndose en catalán. Si lo consiguieran, dentro de unos años el valenciano habría muerto en las escuelas, y las nuevas generaciones se expresarían en catalán. No son, por tanto, lingüistas: son salvajes que quieren asesinar la lengua valenciana”.
(Pomell de Valencianitat, pág. 143, Josep Boronat).
Han transcurrido dieciséis años y las palabras de Boronat, en un porcentaje elevadísimo, se han convertido en una profecía casi cumplida. Resulta evidente que aquello que se advertía desde el Monasterio de Santa María del Puig está a punto de hacerse realidad, porque la catalanización de la lengua ha sido consentida y favorecida por los gobiernos de turno, y porque el catalanismo, siempre bien financiado, ha tenido la oportunidad de infiltrarse en todas las áreas de influencia de nuestra Comunidad.
Resulta verdaderamente incomprensible que, dentro de nuestro Reino, hayan nacido individuos más dispuestos a inclinarse por propuestas extrañas que a salir en apoyo y defensa de lo propio. Esa falta de compromiso con la identidad lingüística valenciana es difícil de entender si uno parte de un mínimo amor por la cultura y por la tradición propias.
De los buenos valencianos, amparados en la seriedad y en la ciencia de la RACV, depende la supervivencia de una lengua que corre el riesgo de suicidarse por falta de amor hacia lo propio y, especialmente, hacia la cultura. Defenderla no es un capricho: es una obligación moral e histórica.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia

No podemos continuar este informe sin dejar constancia de la normativa de la Real Academia de Cultura Valenciana, porque constituye un faro que ilumina y una guía que orienta a tantos valencianos. Se trata, como puede comprobar cualquier estudioso, de una propuesta de normas adaptada científicamente al habla del pueblo y a la realidad cotidiana de los usuarios valencianos, como no podía ser de otro modo en un proyecto nacido dentro de una asociación profundamente arraigada en el corazón y en el aprecio del pueblo.
Para entender bien su importancia, conviene hacer un poco de historia. La elaboración y el estudio de la ortografía de la RACV, llevados a cabo durante más de cinco años por un equipo de filólogos curiosamente licenciados en filología catalana por la Universidad Literaria de Valencia, fue presentada en el Monasterio de Santa María del Puig en marzo de 1981. En aquel acto, un notario de Massamagrell dio fe del pliego de firmas de más de mil intelectuales y asociaciones valencianas, así como de otras ciento diez mil firmas, también cotejadas por el mismo notario y depositadas en el Banco de Santander, en apoyo de esta obra valiosa y extraordinariamente minuciosa.
Gracias a ese trabajo, la RACV dotó a la lengua de los valencianos de un instrumento valiosísimo, perfectamente adaptado a la sintaxis, la fonética y la morfología de nuestro habla. Además, lo avaló mediante una documentación formal que fue publicada más tarde, en la que se subraya el cuidadoso y exhaustivo estudio que fue necesario para completar esta magnífica obra.
Josep Boronat, miembro del Consell Valencià de Cultura y uno de los firmantes y participantes en el acto del Puig, recuerda aquel acontecimiento en su libro Pomell de Valencianitat, donde señala lo siguiente:
“Todo esto se ha hecho siguiendo las corrientes lingüísticas más modernas: los lingüistas de prestigio de hoy se interesan mucho más por el estudio sincrónico —es decir, por cómo es la lengua hoy y cómo se habla actualmente— que por las etapas que haya podido tener en el pasado, aunque el estudio diacrónico también deba hacerse, pero no es determinante.
En cambio, los lingüistas catalanizadores, contra toda evidencia científica, no solo desprecian el valenciano actual, sino que intentan cambiarlo y modificarlo para que vaya convirtiéndose en catalán. Si lo consiguieran, dentro de unos años el valenciano habría muerto en las escuelas, y las nuevas generaciones se expresarían en catalán. No son, por tanto, lingüistas: son salvajes que quieren asesinar la lengua valenciana”.
(Pomell de Valencianitat, pág. 143, Josep Boronat).
Han transcurrido dieciséis años y las palabras de Boronat, en un porcentaje elevadísimo, se han convertido en una profecía casi cumplida. Resulta evidente que aquello que se advertía desde el Monasterio de Santa María del Puig está a punto de hacerse realidad, porque la catalanización de la lengua ha sido consentida y favorecida por los gobiernos de turno, y porque el catalanismo, siempre bien financiado, ha tenido la oportunidad de infiltrarse en todas las áreas de influencia de nuestra Comunidad.
Resulta verdaderamente incomprensible que, dentro de nuestro Reino, hayan nacido individuos más dispuestos a inclinarse por propuestas extrañas que a salir en apoyo y defensa de lo propio. Esa falta de compromiso con la identidad lingüística valenciana es difícil de entender si uno parte de un mínimo amor por la cultura y por la tradición propias.
De los buenos valencianos, amparados en la seriedad y en la ciencia de la RACV, depende la supervivencia de una lengua que corre el riesgo de suicidarse por falta de amor hacia lo propio y, especialmente, hacia la cultura. Defenderla no es un capricho: es una obligación moral e histórica.
Pedro Fuentes Caballero
Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana correspondiente por Dénia
Presidente de la Asociación Cultural Roc Chabàs de Dénia



















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