Artículo de opinión ciudadana
La biodiversidad marina de Dénia no puede gestionarse desde el aislamiento
Dénia es una ciudad privilegiada. Su litoral alberga uno de los ecosistemas marinos más valiosos del Mediterráneo occidental. Las extensas praderas de Posidonia oceanica, auténticos bosques submarinos declarados hábitat prioritario por la Unión Europea, constituyen uno de los mejores indicadores de la calidad ambiental de nuestras aguas. Junto a ellas conviven fondos rocosos, comunidades bentónicas de enorme riqueza, especies protegidas y un entorno único como el de la Reserva Marina del Cabo de San Antonio, que convierte a nuestro municipio en un referente para la conservación marina en España.
Este patrimonio natural no es fruto de la casualidad. Durante décadas ha sido posible gracias al trabajo conjunto de científicos, pescadores, administraciones públicas, universidades, entidades conservacionistas y cientos de ciudadanos comprometidos con el mar. La biodiversidad de Dénia nunca ha entendido de siglas ni de protagonismos. Siempre ha sido el resultado de sumar esfuerzos.
Precisamente por eso resulta preocupante la deriva que parece haber tomado la gestión ambiental local en los últimos años. Cada vez son más las voces que perciben un progresivo distanciamiento entre el Ayuntamiento de Dénia y buena parte de las instituciones y organizaciones que tradicionalmente han contribuido a estudiar, conservar y gestionar este patrimonio natural.
La ciencia actual demuestra que los grandes retos ambientales no pueden afrontarse desde una única administración. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las especies invasoras, la presión turística o la contaminación requieren equipos multidisciplinares y alianzas estables. Ninguna institución dispone por sí sola de todos los recursos, el conocimiento o la capacidad necesarios para responder a estos desafíos.
En nuestro entorno contamos con algunas de las mejores universidades españolas en investigación marina (Universidad de Valencia, Universidad Politécnica de Valencia, Universidad Católica) técnicos de la Generalitat Valenciana con una amplia experiencia, y organizaciones sociales (Xaloc) que llevan décadas trabajando sobre el terreno. Renunciar a esa inteligencia colectiva supone perder oportunidades.
Mientras en toda Europa se apuesta por la gobernanza compartida del medio marino, basada en la cooperación entre administraciones, universidades y sociedad civil, el Ayuntamiento de Dénia y su técnico de fauna marina caminan en sentido contrario. El aislamiento nunca ha sido una estrategia de conservación.
Dos ejemplos ilustran esta situación. Dénia constituye uno de los mejores observatorios del Mediterráneo para el estudio de los cetáceos, especialmente del rorcual común. Sin embargo, uno de los equipos de investigación con mayor experiencia e innovación en su seguimiento, el de la Universidad Politécnica de Valencia, ha terminado desarrollando su trabajo en la vecina Jávea tras no poder entenderse con el Ayuntamiento de Dénia.
Algo similar ocurre con las tortugas marinas. Nuestro litoral se ha convertido en uno de los enclaves elegidos por esta especie para realizar sus puestas, un fenómeno de enorme valor científico y conservacionista. Durante años, la gestión de estos episodios contó con la colaboración de Xaloc, la ONG con mayor experiencia en el seguimiento y conservación de tortugas marinas en la Comunidad Valenciana. Sin embargo, este año esa colaboración ha dejado de producirse.
No se trata de discutir quién lidera los proyectos ni de atribuir méritos. Se trata de entender que la biodiversidad marina pertenece a todos y que su conservación exige generosidad institucional. Cuando una administración trabaja de manera abierta, comparte información y construye alianzas, toda la sociedad sale beneficiada. Cuando prevalecen las distancias, el clientelismo y las dinámicas de exclusión, pierde la naturaleza.
Como vecino de Dénia, me gustaría que recuperáramos esa cultura de la colaboración que durante tantos años permitió convertir a nuestra ciudad en un referente ambiental. El Mediterráneo afronta uno de los momentos más delicados de su historia. No podemos permitirnos desperdiciar talento por diferencias institucionales o egos personales ni renunciar a las sinergias que hacen posible una mejor conservación.
La biodiversidad marina de Dénia merece una gestión abierta, participativa y basada en la mejor ciencia disponible. Porque el mar no entiende de administraciones, ni de competencias, ni de intereses particulares. Solo entiende de decisiones. Y las decisiones que tomemos hoy determinarán el legado natural que recibirán las próximas generaciones.
Javier Álvarez
Vecino de Les Marines, Dénia

Dénia es una ciudad privilegiada. Su litoral alberga uno de los ecosistemas marinos más valiosos del Mediterráneo occidental. Las extensas praderas de Posidonia oceanica, auténticos bosques submarinos declarados hábitat prioritario por la Unión Europea, constituyen uno de los mejores indicadores de la calidad ambiental de nuestras aguas. Junto a ellas conviven fondos rocosos, comunidades bentónicas de enorme riqueza, especies protegidas y un entorno único como el de la Reserva Marina del Cabo de San Antonio, que convierte a nuestro municipio en un referente para la conservación marina en España.
Este patrimonio natural no es fruto de la casualidad. Durante décadas ha sido posible gracias al trabajo conjunto de científicos, pescadores, administraciones públicas, universidades, entidades conservacionistas y cientos de ciudadanos comprometidos con el mar. La biodiversidad de Dénia nunca ha entendido de siglas ni de protagonismos. Siempre ha sido el resultado de sumar esfuerzos.
Precisamente por eso resulta preocupante la deriva que parece haber tomado la gestión ambiental local en los últimos años. Cada vez son más las voces que perciben un progresivo distanciamiento entre el Ayuntamiento de Dénia y buena parte de las instituciones y organizaciones que tradicionalmente han contribuido a estudiar, conservar y gestionar este patrimonio natural.
La ciencia actual demuestra que los grandes retos ambientales no pueden afrontarse desde una única administración. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las especies invasoras, la presión turística o la contaminación requieren equipos multidisciplinares y alianzas estables. Ninguna institución dispone por sí sola de todos los recursos, el conocimiento o la capacidad necesarios para responder a estos desafíos.
En nuestro entorno contamos con algunas de las mejores universidades españolas en investigación marina (Universidad de Valencia, Universidad Politécnica de Valencia, Universidad Católica) técnicos de la Generalitat Valenciana con una amplia experiencia, y organizaciones sociales (Xaloc) que llevan décadas trabajando sobre el terreno. Renunciar a esa inteligencia colectiva supone perder oportunidades.
Mientras en toda Europa se apuesta por la gobernanza compartida del medio marino, basada en la cooperación entre administraciones, universidades y sociedad civil, el Ayuntamiento de Dénia y su técnico de fauna marina caminan en sentido contrario. El aislamiento nunca ha sido una estrategia de conservación.
Dos ejemplos ilustran esta situación. Dénia constituye uno de los mejores observatorios del Mediterráneo para el estudio de los cetáceos, especialmente del rorcual común. Sin embargo, uno de los equipos de investigación con mayor experiencia e innovación en su seguimiento, el de la Universidad Politécnica de Valencia, ha terminado desarrollando su trabajo en la vecina Jávea tras no poder entenderse con el Ayuntamiento de Dénia.
Algo similar ocurre con las tortugas marinas. Nuestro litoral se ha convertido en uno de los enclaves elegidos por esta especie para realizar sus puestas, un fenómeno de enorme valor científico y conservacionista. Durante años, la gestión de estos episodios contó con la colaboración de Xaloc, la ONG con mayor experiencia en el seguimiento y conservación de tortugas marinas en la Comunidad Valenciana. Sin embargo, este año esa colaboración ha dejado de producirse.
No se trata de discutir quién lidera los proyectos ni de atribuir méritos. Se trata de entender que la biodiversidad marina pertenece a todos y que su conservación exige generosidad institucional. Cuando una administración trabaja de manera abierta, comparte información y construye alianzas, toda la sociedad sale beneficiada. Cuando prevalecen las distancias, el clientelismo y las dinámicas de exclusión, pierde la naturaleza.
Como vecino de Dénia, me gustaría que recuperáramos esa cultura de la colaboración que durante tantos años permitió convertir a nuestra ciudad en un referente ambiental. El Mediterráneo afronta uno de los momentos más delicados de su historia. No podemos permitirnos desperdiciar talento por diferencias institucionales o egos personales ni renunciar a las sinergias que hacen posible una mejor conservación.
La biodiversidad marina de Dénia merece una gestión abierta, participativa y basada en la mejor ciencia disponible. Porque el mar no entiende de administraciones, ni de competencias, ni de intereses particulares. Solo entiende de decisiones. Y las decisiones que tomemos hoy determinarán el legado natural que recibirán las próximas generaciones.
Javier Álvarez
Vecino de Les Marines, Dénia



















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